Historias Altafit: La nueva vida de Sara Antuña en primera persona.

Sara Antuña es una altafitera de nuestro Club de Puerta de Toledo. Hace unos días nos dejó esta carta en el buzón de sugerencias, y nos ha parecido que su historia merecía ser contada en voz alta. Es una de esas historias altafit que nos llenan de orgullo, y que además creemos que pueden ayudar a muchas otras personas a dar el paso de empezar una vida activa y saludable, de empezar una nueva vida.sara antuna gym before

Hace aproximadamente un año que entré por primera vez al gimnasio Altafit (Puerta de Toledo). Me llevó de las orejas mi amiga Paloma y yo protesté durante todo el camino, porque no quería ir. Las razones eran todas bastante lógicas: pesaba noventa y seis kilos, fumaba como un carretero desde los quince años y odiaba los gimnasios.

Pesar noventa y seis kilos no es ninguna broma y cuando todo el mundo te dice que deberías perder un poquito de peso, por salud más que nada, piensas que igual tienen razón y que cualquier día te va a dar un infarto y van a encontrar tu cadáver en el sofá, sepultado entre cajas de pizza vacías. Así que le hice caso a Paloma y me apunté.

Los comienzos fueron difíciles. El primer día hice cinco minutos de elíptica con la resistencia al mínimo y pensé que me moría. Cinco minutos después, en la cinta de correr, estaba deseando haber muerto en la elíptica. Todo el mundo a mi alrededor parecía sano, fuerte y ágil. Yo parecía un animalito atropellado en la carretera. Salí del gimnasio y todavía no me explico por qué volví dos días después.

Pasaron un par de semanas y luego un par de meses. Los cinco minutos de elíptica se convirtieron en diez y luego en quince.sara antuna gym 5 Pedí cita a Noelia, la nutricionista, y me puse a dieta. Perdí bastante peso al principio, pero un día me estanqué. Noelia analizó mis hábitos y dio con el problema: estaba yendo cada vez menos al gimnasio. Le expliqué que las actividades me parecían de dos tipos: las que podía hacer y me aburrían profundamente y las que no podía hacer y me parecían horribles. Noelia me aconsejó que empezara un entrenamiento personal.

Salí de la consulta de Noelia y miré al monitor que estaba en recepción. «Ese parece amable», pensé, «y seguro que no me da mucha caña». En lo primero tenía razón, en lo segundo no podía estar más equivocada. Manu me hizo un tercer grado sobre mis costumbres y luego me dio un par de clases de tanteo, a ver qué podía hacer y, sobre todo, a ver qué me gustaba hacer. Intenté explicarle que lo que más me gustaba era tumbarme a leer en el sofá, pero se conoce que ese deporte aún no está reconocido por el comité olímpico y no me hizo maldito caso.sara antuna gym 4

A la tercera clase, Manu llevó unos guantes de boxeo y me dijo que me los pusiera y que flexionara un poco las rodillas, levantara los puños, tensara el abdomen y adelantara el pie izquierdo. No me acuerdo de mucho más de esa tarde, pero lo que sí recuerdo es que cuando terminó la clase, me parecía que habían pasado solamente cinco minutos.

Desde ese día y hasta ahora, he perdido veinte kilos. He ido a clases de ciclo, de ABE, de GBox, de GAP, de abdominales, de GBody y hasta de Héroes y he salido viva y feliz de todas ellas. He levantado peso muerto, he hecho press de banca, estoy aprendiendo a hacer dominadas. Me he apuntado a clases de boxeo y en septiembre me apuntaré a crossfit. He dejado de fumar después de veinticinco años de hacerlo sin interrupción. Ahora voy al gimnasio todos los días y cada día es mejor que el anterior. Y todo esto en menos de un año.  

sara antuna gymAsí que esta es una carta de agradecimiento. A Paloma, que me llevó al gimnasio, a Noelia, que me mantuvo en él y a Manu, que me enseñó a disfrutarlo.

También a Diego, que en una sola clase de ciclo consiguió que quisiera volver a todas las demás. Y que el día en que me vio desanimada porque no podía hacer fondos ni burpees, me dijo: «con venir aquí hoy ya has hecho mucho más que si te hubieras quedado en el sofá». Gracias, Diego.

A Oliver, que ni un solo día deja de decirme que me he convertido en otra persona y quiere que me apunte al club de corredores. En octubre estaré ahí, vaya que si estaré. Gracias, Oliver.

A Rubén, que cada vez que se me acerca le sube un par de puntos de resistencia o velocidad a la cinta o a la bici, y de esa manera me está diciendo: «Para que no se te olvide que puedes hacer mucho más», Gracias, Rubén.

A Ágata, que me puso mi primera tabla, me vio la cara de susto y me dijo: «hoy no podrás hacerlo todo, pero dentro de una semana sí». Y tenía toda la razón. Gracias, Ágata.    

Y de nuevo a Manu, que me salvó de una muerte segura en el sofá, rodeada de cajas de pizza. Que descubrió que yo tenía dentro a una persona hecha para el esfuerzo y para el desafío. Yo no lo sabía, pero ahora lo sé y esta persona me gusta mucho más que la que era antes. Esta persona boxea y ya no le tiene miedo a nada. Gracias, Manu.

sara antuna gym 3Gracias también a los monitores de la mañana (David, Virginia, Estefi), los conozco muy poco pero han sido siempre muy amables. Gracias a la gente del gimnasio: a Miguel, a María, a José Antonio, a Tacho, a Luna, a Teresa, a Zacarías, a Josito, a Valentín, a Tamara, a Diana… que me animan y se animan unos a otros a seguir construyendo cada día la mejor versión de ellos mismos. Gracias a todos.

Gracias, Altafit.

Gracias a ti, Sara, por haber confiado en nosotros para empezar una nueva vida. Para todos los que formamos la familia Altafit historias como la tuya son las que nos motivan a dedicarnos a esto. Y sobre todo gracias por compartirlo con tanta franqueza y generosidad. Seguro que hay mucha gente como estabas tu hace un año, en ese sofá, que no termina de dar el paso y atravesar esa puerta. Seguro que leyendo tus palabras saca las fuerzas necesarias para venir y comenzar el cambio.
Y si tú eres un altafitero o altafitera que te has sentido identificado con las palabras de Sara, o tienes una historia también que contar y que compartir, estaremos encantados de hacerla un hueco dentro de nuestras #HistoriasAltafit.

 

 Maria Villalon AltaFit