Paseo otoñal por el Hayedo de Tejera Negra

El Hayedo de Tejera Negra en CatalojasGuadalajara, es uno de los hayedos más meridionales de Europa y uno de los bosques con más encanto de la provincia de Guadalajara. Los ríos Lillas y Zarzas, que nacen en el glaciar La Buitrera, lo alimentan. El bosque crece en dos valles flanqueados por altas y afiladas crestas rocosas.

La mejor época para visitar el hayedo es sin duda el otoño donde la mezcla de colores que adquieren las hojas nos dejará con estampas preciosas y paisajes increíbles. El bosque de hayas, su mayor atractivo, tiene un ambiente de cuento por sus colores, el musgo de sus suelos y sus silencios. Además, crecen robles melojos, pinos silvestres, tejos, acebos y abedules. En su suelo crece en otoño el apreciado Boletus Edulis, y sus cielos los surca el águila real, sobre corzos, zorros y jabalís.

Hay 2 rutas circulares para realizar a pie: la “Senda de Carretas” y la “Senda del Robledal” y una tercera ruta circular señalizada para bicicletas que llega al río Zarzas. Recomendable acceder al Centro de interpretación para recoger toda la información sobre la zona. Desde allí parten una de las rutas, la “Senda del Robledal”, de 17 kilómetros con posibilidad de enlazarla y continuar después por la “Senda de Carretas”. Y la ruta para bicicletas, de 21 kilómetros.

Si hacemos cualquiera de estas dos no es necesario reservar el acceso, pero si deseamos hacer la Senda de Carretas de 6 kilómetros de distancia, y que comienza en un aparcamiento a 8 kilómetros del Centro de Interpretación es necesario realizar esta reserva (especialmente en otoño) en esta página web de reservas. El precio por turismo es de 4 € para toda la jornada.

La Senda de las Carretas, acompaña al río Lillas aguas arriba. Tras abandonar el fondo del valle para remontar el curso del arroyo Carretas, y siempre con la guía de las balizas blancas que pespuntean todo el recorrido, se alcanza, en unos 20 minutos desde el aparcamiento, La Carbonera, una reproducción didáctica del método tradicional usado para producir carbón en estos bosques. Seguiremos caminando por una senda que ya se encuentra bajo las copas de las hayas, en algunos momentos con algo de pendiente de subida, hasta la Pradera de Matarredonda donde podremos parar a comer disfrutando de las vistas tan espectaculares.

La Senda del Robledal. El nombre de la senda viene de que el primer bosque que encontramos es de roble en su totalidad, mientras vamos ganando altura aunque cómodamente. Siguiendo esta pista alcanzaremos un claro desde que a menor altura se ve el aparcamiento del hayedo. Aquí ya comenzaremos a ver algún haya y los contrastes de las hojas caducas próximas a caer y las verdes de la vegetación perenne, principalmente pinos y tejos, que dan nombre a la zona precisamente.

Cualquiera de estas dos opciones, o las dos si las fuerzas y la forma física te dan para enlazarlas, serán una experiencia otoñal inolvidable. Sin dejar de lado la opción en bicicleta, que también puede ser una divertida y diferente forma de conocer el entorno. No te lo pienses, reserva tu fecha en el aparcamiento si eliges esa opción, y organiza tu escapada de este otoño.

 

María Villalón
Comunicación AltaFit Gym Club